Carlos Magro Mazo

Licenciado en Ciencias Físicas


Presidente de la Asociación Educación Abierta. Trabaja como consultor independiente en educación en los ámbitos de la innovación y la tecnología educativas. Es miembro del Consejo asesor de Cuadernos de Pedagogía y del colectivo DIME (Docentes para la Inclusión y la Mejora Educativa), AulaBlog y la Asociación Espacios de Educación Superior.

Ha sido director académico del Instituto Europeo de Diseño (IED España), director de innovación de EOI y director de Comunicación, Marketing y Proyección Institucional de EOI Escuela de Organización Industrial, director de la Oficina de Información Científica de la Fundación para el Conocimiento madri+d (Consejería de Educación) y responsable del Programa de Cultura Científica de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid.

Licenciado en Ciencias Físicas, especialidad Física Teórica, por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y en Geografía e Historia, especialidad Historia Moderna y Contemporánea, por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). MBA por la Escuela de Organización Industrial.

Me gusta trabajar en proyectos transformadores. De la educación me interesa su capacidad para mejorar la vida de las personas, pero también las posibilidades que nos da de mejora y transformación social.

Creo que la educación tiene la capacidad para darnos a cada uno, independientemente de nuestros antecedentes, aptitudes o talentos, tiempos y espacios para alzarnos sobre nosotros mismos y para renovar el mundo. Es un espacio en el que aprendemos a vivir esperanzados.

Me reconozco en palabras como utopía, esperanza, posibilidad, confianza, lucha y transformación.

Ponencia

Transformar la educación para sostener la promesa de la escuela

La escuela no es solo un lugar para la adquisición de conocimientos y capacidades. Tampoco es solo un lugar que nos socializa en una herencia cultural y nos transmite unos valores. Es todo eso, sí, pero es también un lugar de construcción del yo, un lugar para la emancipación, la libertad y la responsabilidad que viene con esa libertad. La escuela es un lugar para ‘decir yo’ y ‘hacer el nosotros’, simultáneamente. Es un lugar para el encuentro con uno y con los otros.

Aunque parezca una paradoja, la escuela nos libera del futuro (especialmente de los futuros socialmente predeterminados) al tiempo que nos permite imaginar otros futuros. La escuela nos proyecta hacia el futuro, pero tiene que ver, sobre todo, con el presente. Lo diferencial de la escuela no es tanto que sea un lugar de aprendizaje (lo es claro, pero hay otros muchos lugares donde se aprende) como que es un lugar para cuidar el mundo y hacernos colectivamente cargo del mundo, algo que es de todos y no es de nadie. Frente a la idea individualista del aprendizaje, la escuela sitúa el bien común en el centro de sus preocupaciones.

Los cambios profundos que estamos experimentando, así como los desafíos que enfrentamos como humanidad (tecnológicos, medioambientales, sociales) nos obligan a repensar y transformar la educación si queremos sostener la promesa de la escuela.